Querida Nadie:

Hace tiempo que quería decirte esto: sigo enamorado de ti.

Creo que es un estado mental más que un sentimiento, porque me cuesta desprenderme de ello como si fuera algo que siempre ha estado ahí, aunque no soy capaz de explicarlo bien con palabras. Ni sin palabras. No sé explicarlo de ninguna forma.

Pienso en ti y quiero guerra. Y, a la vez, no la quiero. Quiero una paz que me sosiegue por dentro y una guerra continua que me incendie cada vez que todo está en calma. Te quiero en mí, dándome el desequilibrio perfecto.

Hace tiempo que no cruzamos más de dos frases y lo echo en falta. Más bien lo echo de menos. Tengo otras cosas, mejores o peores, pero distintas al fin y al cabo, nada parecido a ese maldito ‘feeling’ con el que nos compenetrábamos el uno al otro. Es extraño. A veces me veo pensando en cosas que quiero decirte durante el día, en uno u otro momento, y no sé si sonreír o sentirme asquerosamente triste.

Miro tus fotos de vez en cuando, ¿sabes? Sé que las mías están guardadas en un rincón oscuro de tu vida, pero no quiero negarme esa felicidad nostálgica que me da ver tus ojos, aunque sea en el pasado. Aunque sea sobre un papel. Aunque sea sólo un recuerdo. Al menos, siempre será algo para mí. Eres tú. Tú para mí.

Hace tiempo que no nos vemos. Y duele. Revienta. Me está jodiendo vivo. Porque amo tu existencia.

Y ahora ya es tarde. Al menos por hoy. Las 3:45. Porque para otras cosas nunca será tarde.

Como para escribirte esto porque quería decirte que sigo enamorado de ti.

Dulces sueños, Nadie.

Buenas noches.

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