Y me dices que estás a gusto, y cierras los ojos mientras acomodas tu cabeza entre mis brazos. Y yo me siento a gusto, mirándote sin que te des cuenta, pasando la yema de mis dedos por tu mandíbula, por el lóbulo de tu oreja… Hasta que se te ocurre abrir los ojos y me descubres sonriendo como un tonto mientras lo hago…

Me dices que te encanta sentir mis manos en tu cuerpo. Y yo me siento grande, y afortunado por el placer que me supone tu placer. Por el placer que me supone tocar tu piel, recorrer tu cuerpo con mis manos, sentir su suavidad y su calor dulce, sentir como se eriza tu piel bajo mis dedos y arrancarte un leve escalofrío con una caricia en tu cuello, en tu costado, o en la línea que separa tu espalda y tu trasero…

Me dices que es como si crease una capa protectora cada vez que paseo mis manos por tu cuerpo. Y yo empiezo a creérmelo. A creer que te cuido con ello, que te protejo con mis manos, que cada milímetro que toco es la prueba de que estaré ahí cuidandote y protegiendote de todas las formas posibles…

Me dices que eres mía mientras clavas tus ojos en los míos. Y sé que eres mía, por tus palabras, por tu mirada, por la manera en la que tu cuerpo cede a mí y se calienta, se retuerce, se deshace y se entrega. Por la forma en la que los suspiros se escapan de entre tus labios con cada movimiento, por la forma en la que apartas tus manos para que sean las mías las que inventen el juego al que jugar… Sé que eres mía cada segundo antes de llegar al máximo y deshacerte de placer… Que lo sigues siendo cada segundo después, cuando tu piel sensible se llena de escalofríos y tu te encoges para que te abrace y te resguarde del frío…

Me dices que me amas. Y me lo dices en cualquier momento, y consigues que te regale mi mejor cara de felicidad. Porque me deshago por dentro y también ppr fuera. Porque te amo. Me dices que me amas y me haces desear que no apartes tus ojos de loa míos, tus labios de los míos, tu cabeza de mi pecho. Porque me dices que me amas al despedirnos. Y te digo que te amo al despedirnos. Y tú, antes de cerrar la puerta, me miras, y me dices que me amas. Porque quieres que sea lo último que escuche de tu boca antes de irme. Porque quieres que me lleve puesta esa sonrisa que me provocas. Y cuando se cierran las puertas, tú ya no lo ves, pero sigo sonriendo por ti…

Por todas esas cosas que me dices.

Porque te amo.

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