¿Mi sitio?

No sé a qué llamar así. Supongo que la respuesta siempre es un “aquí”, un “aquí” que cobra más sentido mirando a unos ojos grandes y brillantes que me lo pregunten.

Mi sitio soy yo, pero son demasiadas cosas, demasiados lugares, demasiados pensamientos, demasiadas ansias. Es mi sitio, el mío propio, un conjunto de todas estas… Situaciones. Supongo que es un espacio y un tiempo que nadie más puede ocupar, sólo yo. A veces es simplemente ese lugar en tu pensamiento en el que me encuentras, rescatándome cada noche en tu cabeza, golpeándote más suave o más fuerte, según se ofrezca.

¿Alguna vez has imaginado que mi sitio se complementa con el tuyo? Hmm… Quizás…

Mi sitio, eh. Digamos que ahora ese “aquí” es en mi cuarto, soltando… esto, con las manos frías y el resto del cuerpo caliente, la luz a medias, el ansia al todo, las ganas puestas.

Alguna vez me has preguntado a qué sitio he llegado…

Digamos que ese sitio es un “aquí”, con mis ojos acosando a los tuyos, con la luz de las farolas encima, el ansia en los labios, las ganas explotando, las manos en tu trasero.

Es simple.

Sabes que es tu sitio cuando no tienes que preguntarte si es tu sitio.

J.

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