Supongo que aquí estoy, mirando alrededor, buscándome o buscándote. Intentando entender el por qué de estar esperando en silencio cuando me muero por susurrarte palabras al oído.

Cansado de no dormir, pero aún más de equivocarme.

Con el cuarto a cero grados en pleno verano, sin ninguna palabra que llevarme a la cama para recuperar mi media sonrisa.

Con miedo a perder lo que me queda, lo que aún no he perdido en el camino.

Es poco lo que queda, lo que tengo, pero es tuyo. Te lo regalo.

Es mío, pero es tuyo. O nuestro, de ambos. Nunca he sabido de propiedades, sólo tómalo.

Yo no sé que sigo haciendo aquí, gastando las palabras que hoy no puedo decir a unos oídos que hoy no quieren escucharlas. Mejor regalarlas al papel que al olvido. Hay cosas que aún merecen la pena, aunque no lo parezca. Como un te amo en plena guerra. Y yo no sé renunciar a lo que siento.

Ni siquiera hoy. En plena guerra. Te amo.

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