– Abuelo, ¿todavía sigues queriendo a la abuela?

– Claro, hijo. Siempre querré a tu abuela.

– ¿Incluso ahora que no está?

– Incluso ahora.

Miguel observó a su nieto, que estaba sentado en un banco del parque, dejando colgar los pies.

– ¿Por qué se fue la abuela?

– Verás, Daniel… A todos, cuando nos hacemos muy mayores, nos llega el momento de irnos.

– ¿Se fue por culpa del presidente del gobierno? En la tele dicen que todo es culpa del presidente del gobierno.

Miguel se rió tanto por aquello que le dio un ataque de tos.

– No, hijo, el presidente no tiene la culpa.

Miguel cogió de la mano a su nieto y juntos emprendieron el camino de vuelta a casa. Pero, tras unos pasos, Daniel se detuvo.

– Abuelo, ¿tú también te irás?

– ¿Por qué dices eso, hijo?

– Es que… Si todos se van cuando son mayores… Tú ya eres un poco viejo. Y yo no quiero que te vayas.

Miguel se agachó y lo miró a los ojos.

– Todavía no soy tan mayor, ¿sabes? Pero algún día me iré, cariño.

Daniel lo abrazó.

– Si te vas… Yo te seguiré queriendo. Como a la abuela.

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