Y a veces hay cosas tan inevitables como el paso del tiempo.

Y te encuentras bajando una calle, echando una última mirada atrás para verla doblar esa esquina. Y sonríes. Y te vuelves a casa soltando vaho, con un frío de cojones que no te importa nada a estas alturas, deseando volver unos pasos atrás para agarrar su mano y llevarla contigo.

Y comprendes que todo ha sido tan inevitable como hubieras querido que fuera.

Que ha sido inevitable como el paso de los años. De todos los años en los que todo ha ido pasando poco a poco. Hasta llegar hasta aquí.

Que ha sido inevitable que todo pasara. Cuando menos lo esperabas. Cuando no podrías haberlo imaginado. Casi sin querer. pero sabiendo que es exactamente todo lo que quieres.

Y miras hacia delante, sabiendo que el tiempo no va a congelarse a pesar de estos cero grados. Sabiendo que es inevitable que todo siga su curso. Sabiendo que es inevitable que haga frío al volver a casa.

Sabiendo que es inevitable… Que la quieras. Y sonríes. Y vuelves a casa soltando vaho. Pensando que mañana cogerás su mano y la llevarás contigo antes de que vuelva a doblar esa esquina para irse…

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