– ¿Crees que invitar a una chica a una copa es un buen método para empezar a conocerla?

– Podría serlo. ¿ Vas a invitarme a una copa?

– ¿Yo? Jaja. No aspiro a eso. ¿Me estás viendo? No perdería mi tiempo para que me dijeras que no. Somos muy diferentes. Tu con esa melena rubia y tus ojos grandes y yo con mis ojos rojos y estas pintas. Sé ver cuáles son mis oportunidades. Encantado, chica.

Le dediqué una de mis sonrisas y me alejé de la barra con mi copa, dejándola atrás.

– ¡Espera!- se escuchó levemente por encima de la música del local. Me giré y aquella chica se acercó por detrás, algo más tímida-. ¿Podrías… darme tu número…? Estaría bien conocernos, ¿no?

Entonces, saqué un post-it de la cartera en el que ya estaba escrito mi número de teléfono al lado de mi nombre.

– Así que lo tenías bien preparado… Jose – dijo ella, leyendo mi nombre, entre sorprendida y divertida.

– Ya te he dicho que sé ver mis posibilidades…

Sonreí, y me volví con mis ojos rojos y mis pintas mientras ella miraba mi espalda con sus ojos grandes y brillantes.

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