¿Y si no la salvo…?

Se fumo un cigarro. Y después otro. El tercero lo tiró directamente por la ventana. No podía dejar de dar vueltas en su habitación, pensando y deseando poder dejar de pensar, poder cerrar los ojos con fuerza, apretarse la cabeza con las manos y, al soltar, abrir los ojos y ver como todo se disolvía como un sueño. Y despertar… Pero el sonido del timbre de la puerta le hizo despertar de un modo mucho más cruel. Escuchó como su madre saludaba a alguien y cerraba la puerta. Y, acto seguido, unos golpes en la de su habitación. Abrió la puerta. “No puede ser…”

– Jason me dijo que vivías aquí- dijo Diane al verle, con una sonrisa suave-. Me pareció que no te encontrabas muy bien ayer en el instituto y…

Christian se volvió para no mirarla y se frotó la cara con las manos. Respiró profundamente y se sentó en la silla del escritorio.

– No… No me encuentro demasiado bien, la verdad- dijo, hablando casi en un susurro, poniendo la voz ronca-. Creo que… deberías irte a casa y… volver otro día, cuando me sienta mejor. Sí, creo que será lo mejor.

No hubo respuesta. Christian escuchó la puerta cerrarse y soltó el aliento que había retenido antes. Metío su cabeza entre las manos, mareado. Entonces, sintió como dos brazos finos le rodeaban por detrás, rozándole ligeramente. Sintió los cabellos de Diane en su cuello mientras se acercaba, pegando su pecho contra la espalda de él, hasta que su boca estuvo tan cerca de su oído que pudo sentir su respiración tranquila. “Please, please, forgive me… But I won’t be home again…”. Conocía la canción que le susurraba al oído. La cabeza de Christian dejó de dar vueltas, de sentir el peso de los pensamientos como toneladas de plomo. Se volvió a ella y la miró. Ni siquiera se fijó en que los números que había sobre su cabeza eran difusos e inteligibles. Ella se sentó encima de sus piernas y le acarició la cara. Cuando sus labios se tocaron, cerraron los ojos. Christian sintió una corriente, pero era una corriente distinta a la que había sentido la vez anterior. Se entregó a aquella corriente que le sacudía de arriba a abajo mientras los labios de Diane recorrían los suyos y sus dedos jugaban con su pelo. Ella se separó y le miró a los ojos.

– Me gustaría que supieras una cosa, Christian…- el chico la miró, confundido y espectante. Ella no apartó la mirada-. Antes de conocerto yo… bueno, yo… no veía el sentido a esta vida… y estuve a punto de…

Y entonces, Christian se levantó y todo se paró de golpe.

– Diane, tienes que irte… por favor.

La mirada confusa de Diane le dolía, pero no podía hacer otra cosa. Todo volvió a su cabeza, tal y como vuelve el brote de la enfermedad de un enfermo crónico que no puede deshacerse de ella por mucho que lo deseé. Las palabras del profesor Daniels volvieron a su mente… “Estás salvándole la vida a esa chica… No puedes hacerle eso, no a ella… Acabarás matándola si la salvas…” “Pero si no lo hago… ella ya estuvo a punto de…”

– Christian, ¿qué es lo que pasa…? He hecho algo que te haya molest…

– ¡Vete! Por favor, Diane… No quiero que vuelvas a venir aquí… Es lo único que te pido… No quiero que… No quiero que te acerques a mí…

Se volvió para no ver los ojos de Diane llena de lágrimas. Para no ver su cara. Para no sufrir más de lo que ya esatba sufriendo. Escuchó como la puerta se abría y se cerraba, dejando esta vez un vacío que sintió como una losa sobre su cabeza. Apoyó la espalda en la pared y se dejó caer hasta hayarse sentado en el suelo con la cabeza en tre las rodillas. Las lágrimas brotaron solas por la desesperación y la tristeza.

– ¿Qué tengo que hacer? ¡¿Por qué me está pasando todo esto a mí?!- sus gritos internos dolían mucho más que el daño que cualquier grito pudiera causar a sus oídos-. Joder, yo no he elegido esto… No he elegido decidir sobre la vida de las personas… No puedo soportarlo más…

Se levantó. Miró hacia la calle y apenas pudo distinguir una silueta a lo lejos con una línea de tonos violetas sobre su cabeza. Sintió naúseas y culpabilidad. No había dejado de llorar, aunque sus lágrimas eran ahora de rabia y de impotencia. Abrió la ventana, se asomó y miró hacia abajo. Los diez metros que le separaban del suelo parecían kilómetros desde allí. Sacó medio cuerpo por la ventana y sintió una fina lluvia. El alféizar estaba resbaladizo, pero se sentó en él, dejando colgar los pies hacia la calle. “Sólo tendría que dar un paso… para acabar con esto… para despertarme de esta pesadilla…” Miró hacia la calle, hacia el suelo. La lluvia se hizo más intensa y comenzó a soplar el viento. Christian soltó un de las manos con la que se aferraba al interior de la ventana… “…sólo quiero acabar con esto…”

“Please, please, forgive me… But I won’t be home again…” Missing – Evanescence

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