– ¿Has pensado en mí?

– ¿Qué quieres que te diga?

– La verdad.

– No he podido dejar de pensar en ti ni un momento.

– ¿Es eso lo que buscabas?

– No.

– ¿Por qué te marchaste, entonces?

– Porque buscaba otra cosa.

– Espero que la hayas encontrado.

– Puedes estar seguro. La tengo aquí mismo. Eres tú.

– Si me buscabas a mí, ¿por qué me dejaste aquí?

– Porque nunca te había buscado.

– ¿Te ha costado mucho encontrarme?

– Media hora de enfado y un minuto para arrepentirme. Y muchas, muchas horas de vacío, necesidad, tristeza y echarte de menos.

– ¿Entonces, crees que ya has encontrado lo que buscabas?

– Sin duda. Hace mucho. Pero ahora estoy segura de que lo que siempre he tenido es lo único que quiero encontrar.

– ¿Y por qué no lo dijiste antes?

– Por miedo.

– ¿Miedo?

– Sí. A ti. A tu rechazo.

– Nunca te rechazaría.

– No sabía si lo que tu sientes había cambiado.

– No sé… No sé qué quieres que te diga…

– La verdad.

– ¿La verdad?

– Sí. La verdad.

– Te amo. Nunca he dejado de hacerlo. Y nunca dejaré de hacerlo.

– Y yo. Nunca dejaré de amarte.

Un abrazo eterno. Millones de besos. Y lágrimas, muchas lágrimas.

Anuncios