– Joder… Usted… ¿Usted puede verlos…?

Daniels se dio la vuelta y se sentó en el escritorio. Se quitó las gafas antes de hablar

– No, ya no puedo verlos. Pero sé lo que ves. Y creo que ahora mismo tú tampoco puedes verlos con claridad.

Christian entonces volvió en sí. Por un momento pensó que podría haber más gente que viera lo mismo que él y que Daniels era una de esas personas. Pero todo se deshizo enseguida. Miró al profesor Daniels, que lo miraba fijamente y entonces, se fijó en los números que había sobre su cabeza. Apenas podía distinguirlos. Igual que los de Diane, parecían difuminarse hasta convertirse en unas manchas rojas que con dificultad se podían adivinar. Y Edward Daniels lo sabía.

– ¿C-Cómo lo sabe?- preguntó Christian, sin decidir aún si armarse de valor para preguntar o asustarse de una vez por todas ante aquello.

El profesor Daniels guardó silencio, sin dejar de clavar su vista en la del chico, que aún seguía de pie en el despacho como si fuera una estatua.

– Lo sé porque…- Daniels vaciló un momento antes de continuar-. Porque… yo también lo he visto… Todo. He visto como se marchaban los segundos de cada persona. Aunque es algo que todo el mundo ve, ¿no crees?- Christian no respondió-. Todos vemos vivir a las personas sin pensar que cada segundo que pasa es un segundo menos en sus vidas. Pero cuando ves “eso” sobre sus cabezas… Cuando ves lo que queda para que todo se acabe y lo inevitable que es que suceda… Sé lo que sientes Christian.

Todo parecía un mal sueño. Christian se había quedado petrificado y su mente no era capaz de aceptar todo lo que estaba pasando. Todo debía ser una simple pesadilla. El accidente, aquel individuo que le salvó, los números, Diane, Daniels, aquel despacho… Estaba seguro de que había salido mal parado en el accidente y de que de un momento a otro se despertaría en la habitación de un hospital con cientos de tubos rodeándole y el cuerpo destrozado y malherido. Pero lo que le dolía en aquel momento era la cabeza, y era el dolor más real que podía sentir, así que apartó de su cabeza esa posibilidad. Y entonces, vino a su mente la idea más magnífica del mundo.

– Pero, si usted ya no lo ve, eso quiere decir que yo… que yo dejaré de verlo también algún día- Christian se movió hacia el escritorio, esperanzado y ansioso de que la respuesta de Daniels fuera lo que él pensaba.

– Eso depende de ti, Christian- dijo el profesor, con el tono más serio con el que jamás había hablado-. Puede que te haya confundido en un asunto. Cuando he dicho “inevitable”, no es del todo cierto. Christian, ¿recuerdas cuando empezaste a ver los segundos de vida?

Christian hizo memoria. La primera vez que había visto la cuenta atrás encima de alguien había sido… en su casa, el día en el que ocurrió el accidente y…

– Ya has caído en la cuenta. Te salvaron la vida, Christian- dijo Daniels, sin esperar la respuesta del chico-. Ese es el único modo de librarse de todo esto. Y también de cargar a otra persona con ello.

– ¿Fue usted quién me salvó la vida?

– No, no fui yo.

Christian ocultó la cara entre sus manos, sin saber que decir. Los pensamientos inundaban su cabeza cada segundo que pasaba le golpeaba con una punzada más de dolor y de incertidumbre. Tenía miedo.

– Si salvo a una persona… ¿le ocurrirá esto?- preguntó Christian, confuso, con un hilo de voz casi inaudible.

– Sí- la respuesta fue simple y cortante-. Por eso quiero que dejes en paz a esa chica.

Diane. Hasta entonces no reparó en ella. Daniels había insistido desde el principio en que la dejase en paz, que no lo hiciera más difícil. Pero no comprendía por qué.

– No entiendo por qué lo dice…

Entonces, Daniels le cargó con el mayor peso que jamás hubiera llegado a soportar con una frase cruel

– Estás salvándole la vida a esa chica, Christian, por eso empiezas a ver los números borrosos. No puedes hacerle eso, no a ella. No puedes hacerla cargar con ese peso. Acabarás matándola si la salvas, Christian.

La boca se le secó al instante y se le cortó la respiración. Su corazón pareció detenerse al entender lo que pasaba.

– …Pero… ¿Y si no la salvo…?

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