Michelle se levantó desnuda de la cama y se vistió con ligereza. Ni siquiera me miró mientras lo hacía. Ni siquiera me miró después de haber hecho el amor por última vez. Solamente se vistió, se calzó las botas y dijo:

– Será mejor que apagues el cigarro y te metas en la cama. El día menos pensado no vuelves a dormirte.

Y cerró la puerta del apartamento de un portazo. Todo se había acabado, pero era algo que se venía venir desde hacía tiempo. Los problemas habían sido la tónica de aquella relación durante los últimos meses. Quizás no estábamos hechos el uno para el otro. O quizás Michelle prefería estar con otro hombre más normal. En ese momento me daba igual. Me puse una camiseta blanca de tirantes y me senté frente al ordenador. Encendí la pantalla y me puse a escribir en el blog.

“Bienvenidos a Insomnia.

No soy capaz de dormir, como tantas y tantas noches. Son las 5:12 de la madrugada del día 17 de abril. Michelle acaba de cerrar la puerta. Las dos puertas. Sé que no volverá y no se lo reprocho, aunque probablemente lo haré en un futuro no muy lejano. Sé que la culpa es mía, o eso creo, pero quizás ella se merezca a alguien mejor. Aún me sabe la boca a sus labios, aún puedo notar el olor de su cuerpo. Pero sé que se ha ido. Tengo que olvidarme de esto. No sé si hubiera sido más fácil hacerme cambiar, pero creo que no. Esto es lo mejor para ella, sí, estoy seguro. Sé que me amaba, pero llevo semanas notando como ese amor se apaga en sus ojos. Y aquí estoy yo, con los míos rojos, frente al ordenador. Sé que mañana esto me dolerá mucho más. Puede que sea eso lo que me impide dormir, el miedo a lo que pase mañana. Sólo se que no puedo dormir. Ni quiero. La quiero a ella, pero ahora me da igual que se haya marchado. No soy capaz de entenderme… Ahora entiendo porqué se ha ido…”

Dejé de pulsar las teclas y solté el humo del cigarro hacia el techo. Allí estaba yo. Con 22 años y desperdiciando el tiempo frente a un blog que nunca había leído nadie. Me levanté y me dirigí hacia la ventana para observar la ciudad. Todo estaba en silencio y oscuro. Las calles dormían bajo la luz de plata de la luna. Y allí estaba ella, alejándose de la casa que habíamos compartido. Observé su figura bajo la luz tenue. Le di una calada al cigarro y espiré lentamente el humo mientras observaba por última vez su silueta… aquella que había tenido en mis manos, desnuda bajo las sábanas. Mañana me sentiría mal. Sabía que aquello dolería. Quizás ya era hora de dormir, de dormir como las calles de la ciudad… De aquella ciudad de la que ya ni recordaba el nombre… Dormir como las calles de Insomnia pensando en ella… y olvidándola…

Continuará…

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