No llovía. Parecía un preludio nefasto de un día vacío. Aquella era la primera vez que Claire había faltado a su cita.
Habían pasado dos años ya desde que se conocieron. Jake miraba desde la ventana de su habitación hacia la calle, iluminada ahora por las farolas. Era casi la una de la mañana. Claire había pasado todo el día en el hospital. No era nada grave, simplemente le había subido la fiebre y habían preferido ingresarla antes de lo normal. Un par de minutos antes ella le había llamado a escondidas.
– No te preocupes, chico de los ojos tristes, estoy bien.
Su voz sonaba tan clara y sincera… Que le costaba no creerlo. No habían podido hablar mucho tiempo, y a Jake le había costado más que nunca articular palabra. En cierto modo sabía que su actitud no ayudaba a nada, pero se sentía tan… apagado sin ella… Necesitaba su lluvia…
La semana siguiente pasó lenta y fue dura. Los impulsos de abandonar el puesto de trabajo para ir a verla se sucedían cada vez más rápido, pero a duras penas pudo mantener a raya sus instintos. Poder verla el viernes fue la recompensa de una semana de sufrimiento.
– Pediré el traslado a oncología.
– No tienes porque hacer eso, Jake.
– No quiero dejarte sola cuando pase algo.
Ella lo miró, y bajo la vista hacia sus manos entrelazadas con una mezcla de comprensión y desilusión. Era la primera vez que la veía triste.
– No quiero que sufras por mí- dijo ella, en un susurro apenas audible.
Jake se acercó a ella y levantó su cabeza para que le mirase a los ojos. Sus dulces ojos azules estaban bañados en lágrimas.
– No quiero pensar que puedo perderte cada vez que te vas…
Cuando se acabaron las palabras, Claire lo abrazó con fuerza y ternura. Jake notó la humedad de sus lágrimas en el pecho. La abrazó con fuerza y la besó el pelo.
– Te amo.
Su voz era casi un susurro, pero lo dijo con la firmeza que la sinceridad imprimía a sus palabras. Jake devolvió aquellas dos palabras en su oído y la abrazó con fuerza.

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