– ¿No te molesta la lluvia?
– Ni siquiera la noto.
Cada domingo pasaba entre una mezcla de cariño y tristeza. Jake pasaba las horas observando a Claire mientras ella le hablaba, sin preocupación alguna. Quizás era aquello lo que le hacía tan difícil el último día de la semana: verla tan feliz y saber que tenía que irse. Tener que pensar en que debía aguardar durante una semana para volver a saber de ella, mientras ella se sentía risueña y sonriente mirándolo con dulzura.
– Tienes los ojos tristes.
Él la miró a los ojos, sin saber que responder.
– ¿Qué te preocupa, Jake?
– No es nada, Claire…
Ella lo miró con ternura, cogiéndole de la mano. “No sirve de nada mentirte, ¿verdad?”, pensó, mientras la miraba.
– ¿Nunca te has preguntado el por qué? ¿Por qué a ti?
– Nunca.
Ella no cambió la cara ni la actitud ni un ápice.
– ¿Por qué?
– No lo sé. No necesito saber el porqué. No creo que lo haya.
– Pero… No lo mereces… Todo podría ser tan…
– ¿Perfecto?
Ella apretó con sus dos manos la de él y lo miró profundamente, dibujando una tímida sonrisa. Unas finas gotas de lluvia cayeron sobre sus rostros y sus manos.
– Jamás te hubiera conocido- dijo ella, casi en un susurro.
Era egoísta pensar que aquella situación les había permitido conocerse, pero era algo que Jake nunca había podido apartar de su cabeza desde que lo supo. ¿Acaso prefería no haberla conocido y que ella estuviera bien? ¿O prefería tenerla allí, a su lado, a pesar de todo?
– Lo único que sé es que ya no quiero separarme de ti- dijo, respondiendo en voz alta a sus preguntas internas.
Los brazos de Claire lo envolvieron en un abrazo. El calor de su cuerpo reconfortó a Jake, haciéndole sentir mejor. “Lo daré todo por ti”, se dijo, y devolvió el abrazo con fuerza y cariño. Pero aún tenía una última pregunta.
– ¿Alguna vez has tenido miedo…?
– Sí… Pero no ahora…

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