Sus besos eran dulces y cálidos, como si cada uno de ellos fuera el último. Sus labios suaves, apasionados, se entregaban a él con el mayor cariño y amor que jamás había sentido.
Claire… La chica de la lluvia…
La tercera vez que la vio, le preguntó su nombre. Claire… Clara como las gotas de la lluvia. La encontraba cada viernes al salir del hospital, pero ella siempre llevaba la conversación. Siempre le hablaba de sus aficiones, de novelas, de música, de sentimientos… ella le hablaba desde dentro y él escuchaba atentamente cada palabra sin apartar la mirada de sus brillantes ojos de océano. Ella se interesaba por él. Cuando acababa de hablar, siempre le hacía preguntas. Con pocas palabras, él se había sincerado con ella. Le había confesado sus pasiones, le había contado sus días en el hospital, su malestar dentro de casa… se había abierto a ella como nunca había podido hacerlo con nadie.
Habían pasado seis meses desde la primera vez que la vio en aquel banco. Y ahora estaban bajo la lluvia, un viernes, lejos del hospital, parados en mitad de la calle vacía, abrazados el uno al otro. Su aroma era inconfundible y sus besos… sus besos eran una mezcla de suavidad y pasión, de amor y timidez. Cada beso era tierno, precedido por otro más tierno aún, hasta casi rozar los labios y abrir los ojos para fijar sus miradas. Así había sido su primer beso. Jake nunca olvidaría ese día. Todo había sucedido algunos meses atrás.

-Nunca te había preguntado… ¿Por qué vienes cada viernes al hospital?
La pregunta de Jake cogió a Claire algo por sorpresa, pero respondió casi al instante, tras coger aire.
– No… No vengo cada viernes al hospital- respondió-. En realidad… paso toda la semana en el hospital, sólo salgo los viernes, pero debo volver el domingo por la noche.
Aquella respuesta descolocó a Jake. No sabía si debía preguntar el motivo, si sería demasiado indiscreto y podría herir sus sentimientos. Optó por quedarse en silencio. La abrazó. Pero fue ella la que continuó hablando.
– Tengo cáncer.
Bajo la lluvia, Jake notó que el rostro de Claire se calentaba y la separó de él, mirándola a los ojos.
– ¿Tienes miedo?- preguntó él-.
– No. Ahora menos que nunca- respondió Claire y, tras una pausa-. ¿No te importa lo que tengo?
– Sabes perfectamente qué es lo que me importa…
Jake distinguió una lágrima en la mejilla de Claire mientras la besaba, pero al volver a mirarla sabía perfectamente que no era de tristeza. Ahora comprendía porque se sentía tan viva. Y también entendía porque no sentía la lluvia estando a su lado. La amaba tanto que eso era lo único que importaba.

Así fue su primer beso. Ahora, varios meses adelante, seguía siendo todo como el primer día.
– ¿En qué piensas, chico de los ojos tristes?- dijo Claire-.
– Sabías que no me importaría, ¿verdad? Cuando me lo dijiste.
– Sí, lo sabía- respondió ella, dejando asomar una tímida sonrisa-. Sabía que estabas enamorado de mí, pero quería que supieras que yo lo estaba de ti.
Sus ojos lo miraban, anhelantes. “Nunca podría separarme de ti, chica de la lluvia”, pensó, y sonrió sin darse cuenta. Ella se coló entre sus brazos y se acurrucó en su pecho.
– Sólo permíteme estar a tu lado siempre- susurró ella-.
– Sólo permíteme ser tu lluvia…

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