Corre.

La niebla de la calle era tan densa que se podía apartar con la mano. Sentía miedo. El corazón latía en mi pecho como si fuera un martillo y dolía. La calle estaba vacía y no se oía ni un alma. La luz de las farolas dejaba entrever sombras de las que huía. Me estaba siguiendo, lo sabía. El vello de la nuca se me erizaba y el corazón hacía daño. Corre. Era lo único que podía hacer pero, ¿dónde?

Huye

Me encontraría, lo sabía. Los pulmones se humedecían por la respiración tan rápida. Crucé una esquina corriendo. ¡Estaba allí! Huí. No, no podía ser él. El corazón se me saldría del pecho de un momento a otro. No podía parar de correr. Entonces, vi una escapatoria. La puerta de un garaje medio cerrado sería mi salvación.

Escóndete.

Entré arrastrándome. Corrí mientras mis pasos resonaban haciendo un eco espeluznante. Me senté detrás de una columna, escondiéndome. Tenía miedo. El hedor a sangre era insoportable y me miré las manos. La humedad de la niebla había hecho qe no se secase y aún estaba líquida. Intenté respirar por la boca para no inhalar ese olor. Mi respiración era agitada. Me sentía observado, perseguido. Sabía que estaba cerca, lo sabía.

Pasaron un par de minutos, pero mi respiración no se controlaba. El latido del corazón me ahogaba y martilleaba mis costillas doloridas. El goteo incesante de una tuberia del garaje iba a hacer estallar mi cabeza. Entonces, la puerta chirrió. Lo sentía. Estaba allí. Miedo. Ya no podía correr. Me acurruqué tras la columna y cerré los ojos muy fuerte. Tenía la sensación de que el sonido del latir de mi corazón me delataría.

– Sé que estás ahí. No sirve de nada esconderte.

El frío y el temblor inundo todos y cada uno de los músculos de mi cuerpo. No abrí los ojos. No podía soportarlo. ¡El corazón me iba a estallar! El miedo invadía mi cabeza, mis pulmones, mi corazón, mis oídos, mi cuerpo… No podía hacer nada más. Corre. Huye. Escóndete. ¿Cómo esconderte? ¿Cómo huir? El hedor a sangre era insoportable.

– Nadie queda indeme de sus actos- dijo la voz-.

Entonces, un disparo.

Lo último que sentí fue el tacto del gatillo en mis dedos.

“Últimas noticias: Un hombre de 21 años atraca una tienda de 24 horas durante la madrugada del día 20 de diciembre. El dependiente, que intentó defenderse del atracador, recibión un disparo en la cabeza que le hizo perder la vida al instante. Horas más tarde, el atracador era hallado muerto en un garaje cercano al lugar. Los hechos ocurrieron…”

La conciencia está ahí. Y a veces es más potente de lo que crees.

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