El tiempo era indescriptible allí. Ni siquiera podía imaginar cuanto tiempo había pasado prohibiéndose pensar en ella. A veces la tentación era fuerte, pero siempre que deseaba estar distraído para no pensar en ella aparecía algo que hacer: libros que leer, música que escuchar, largos caminos llenos de flores purpúreas que le conducían de nuevo al lugar de inicio… Pero todo acababa desapareciendo, y era por él. Él deseaba no olvidarla. Pero tampoco quería sentirla. Se contradecía y tenía dudas. Entonces apareció Frank.

– Sé que te das cuenta de lo que haces y lo que sientes- decía Frank, sentado a su lado en el porche-.

– Sí…- Josh empezaba a entenderlo todo-.

Aunque estaba completamente enamorado de Emma, se daba cuenta de que no valoraba sus vidas como una sola. Él quería sus propios latidos, no los de ella, pero no debía ser así. Ya en el Mundo había caído en ese error. Él consideraba su vida y la de ella, no la de ellos dos. Ya desde allí habían tenido latidos distintos, separados, que no latían al unísono. Y había sido culpa suya.

– Soy un egoísta, ¿verdad?

Frank guardó silencio sin dirigirle la mirada, serio como de costumbre, mirando al infinito. Otro fallo más. Otro error rectificado demasiado tarde. Pero no era tarde para arrepentirse. Cerró los ojos. Y deseó con toda su alma estar junto a ella. Y allí se encontraba al abrir los ojos, pero esta vez era distinto. ERa de noche y Emma se encontraba tendida en la cama, sumida en un sueño no muy tranquilo. Se movía de un lado a otro de la cama. Entonces Josh deseó que tuviese un sueño tranquilo. Él se sintió tendido en la cama, observándola mientras su sueño se volvía más apacible. Todo era como antes de morir… Sonrió. Entonces, volvió a sentirlo. Un golpe en el pecho. Otro. Ahora no deseaba detenerlo. Ya lo entendía todo. Deseaba dormir a su lado más que nada, mientras ese latido le guiaba hacia un profundo sopor. Y así, sintiendo sus latidos, se fue durmiendo poco a poco…

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