– Frank, echo de menos estar vivo.

Josh llevaba tiempo pensando en ello fugazmente, como una idea que va y que viene. Allí lo tenía todo, o casi todo. En realidad, le faltaban las cosas más importantes. Pero ahora no lo pensaba, lo deseaba.

– Eso les ha pasado a todos los que están aquí- contestó-.

Lo deseaba, lo deseaba con todas sus fuerzas aunque sabía que era imposible. Cerró los ojos con fuerza y deseó desde lo más profundo de su alma volver a estar vivo. Y deseó volver a estar junto a ella. Al abrir los ojos, aquel fondo blanco que teñía su cielo desapareció para dejar paso a otro fondo. Era un escenario familiar, la casa que había compartido con ella antes de llegar a donde estaba ahora. Todo seguía igual que cuando lo había dejado atrás. No sabía cuanto tiempo habría pasado desde que se marchó del mundo, días, horas, semanas… Y allí estaba ella, mirando por la ventana de una casa vacía, vacía de sentido y demasiado llena de recuerdos como para que lo pudiera soportar. Y él la estaba viendo. No estaba con ella, ni siquiera estaba allí, simplemente la veía, veía todo lo que deseaba ver desde donde estaba, pero como si estuviera allí mismo.

– Emma…

Ella estaba cruzada de brazos, apoyada en la pared, mirando por la ventana con la mirada perdida. Las lágrimas inundaban sus ojos y su rostro. Él quiso alzar su mano y acariciarla, lo deseaba. Pero en el mundo real parecía que sus deseos no tomaban efecto. Entonces recordó la primera vez que la vio llorar… de alegría. Josh no pudo evitar sonreír y, dejándose llevar por el momento, deseó que ella sonriera, aunque sabía que sus deseos no funcionaban allí. Pero entonces una ligera sonrisa se difuminó en la cara de Emma… Josh se sorprendió y volvió a sentir su corazón latir.

La repentina sorpresa devolvió a Josh a aquella niebla pálida. Instintivamente se llevó la mano al pecho, pero no notó nada. Ni un latido. Entonces miró a Frank.

– No era el tuyo- pronunció sin desviar la mirada que tenía puesta en la nada-, era el suyo.

Su ánimo se vino abajo. Por un momento había pensado que su corazón volvía a tener vida. Quizás sentir el corazón de su amada debería haberle llenado de satisfacción y alegría, pero ahora se sentía desilusionado. Frank le había explicado que, cuando hay un gran sentimiento hacia una persona, podía percibir sus sensaciones, sus sentimientos e incluso sus latidos o su respiración. Josh se prometió no volver a desear algo parecido. No deseaba sentirse vivo, deseaba estar vivo. Aquella vez deseó que nadie le molestase y Frank se marchó sin decir nada…

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