Últimas entradas »

Cuando me vaya.

- Abuelo, ¿todavía sigues queriendo a la abuela?

- Claro, hijo. Siempre querré a tu abuela.

- ¿Incluso ahora que no está?

- Incluso ahora.

Miguel observó a su nieto, que estaba sentado en un banco del parque, dejando colgar los pies.

- ¿Por qué se fue la abuela?

- Verás, Daniel… A todos, cuando nos hacemos muy mayores, nos llega el momento de irnos.

- ¿Se fue por culpa del presidente del gobierno? En la tele dicen que todo es culpa del presidente del gobierno.

Miguel se rió tanto por aquello que le dio un ataque de tos.

- No, hijo, el presidente no tiene la culpa.

Miguel cogió de la mano a su nieto y juntos emprendieron el camino de vuelta a casa. Pero, tras unos pasos, Daniel se detuvo.

- Abuelo, ¿tú también te irás?

- ¿Por qué dices eso, hijo?

- Es que… Si todos se van cuando son mayores… Tú ya eres un poco viejo. Y yo no quiero que te vayas.

Miguel se agachó y lo miró a los ojos.

- Todavía no soy tan mayor, ¿sabes? Pero algún día me iré, cariño.

Daniel lo abrazó.

- Si te vas… Yo te seguiré queriendo. Como a la abuela.

Inevitable.

Y a veces hay cosas tan inevitables como el paso del tiempo.

Y te encuentras bajando una calle, echando una última mirada atrás para verla doblar esa esquina. Y sonríes. Y te vuelves a casa soltando vaho, con un frío de cojones que no te importa nada a estas alturas, deseando volver unos pasos atrás para agarrar su mano y llevarla contigo.

Y comprendes que todo ha sido tan inevitable como hubieras querido que fuera.

Que ha sido inevitable como el paso de los años. De todos los años en los que todo ha ido pasando poco a poco. Hasta llegar hasta aquí.

Que ha sido inevitable que todo pasara. Cuando menos lo esperabas. Cuando no podrías haberlo imaginado. Casi sin querer. pero sabiendo que es exactamente todo lo que quieres.

Y miras hacia delante, sabiendo que el tiempo no va a congelarse a pesar de estos cero grados. Sabiendo que es inevitable que todo siga su curso. Sabiendo que es inevitable que haga frío al volver a casa.

Sabiendo que es inevitable… Que la quieras. Y sonríes. Y vuelves a casa soltando vaho. Pensando que mañana cogerás su mano y la llevarás contigo antes de que vuelva a doblar esa esquina para irse…

Cap. 6

Allí estaba yo. Casi mes y medio después. Enfrente de su portal. Después de haber llamado al telefonillo y de que me dijera que salía.

Había pasado todo ese tiempo sin una noticia suya. Pero hasta aquel momento, tampoco había hecho nada por tenerla. Ni por darle a ella alguna noticia mía. Pero había llegado un punto en el que no aguantaba más. Me daba igual lo que tuviera que hacer. Aunque fuera algo que nunca había hecho por nadie. Y allí estaba ella.

- ¿Has venido para seguir con tus juegos y tus gilipolleces?

No hacía falta ser muy listo para darse cuenta de que estaba muy cabreada conmigo. Y tampoco para ver sus ojeras y sus ojos hinchados y saber su significado.

- Sé que he sido un gilipollas y…

- ¿Has sido? – me interrumpió-. Eres un gilipollas.

La miré a los ojos. Ella también lo hacía a los míos. Y lo que veía en ellos me hacía sentir mal, me hacía daño. No por el enfado, sino por lo que había detrás de todo. Por lo que ella intentaba esconder detrás de toda esa rabia que sacaba hacia mí. Me hacía daño esa tristeza que no era capaz de esconder.

- Soy un gilipollas… Pero voy a dejar de serlo desde este momento- dije. Ella no cambió su actitud lo más mínimo, era como si creyera mis palabras. No me extrañaba-. Mira, sé que no voy a dejar de ser así de un momento a otro, es verdad. Ni siquiera voy a dejar de ser así con el resto del mundo. Pero sí contigo… Contigo no quiero ser así.

- ¿Por qué?- preguntó, de forma cortante-. ¿Soy una excepción o algo así?

- Porque tú eres especial. Contigo haría todas las excepciones del mundo, en todo.

- ¿Por qué?

Ella quería que lo dijera. Lo sabía. Quería que le demostrase que esto no era ningún juego. Quería que le demostrase que sabía hacer las cosas bien, que iba a dejar de hacer el imbécil con ella, porque en el fondo no quería ser así con ella. Y no me importaba demostrárselo. No iba a volver a dejarla marchar. Ya no.

- Porque te quiero. Te quiero muchísimo. Y no me importa decírtelo las veces que haga falta.

Ella cerró los ojos, quedándose en el sitio. Las lágrimas empezaron a caer de sus ojos, llorando en silencio. No lo dudé un momento. Me acerqué a ella y la abracé. Tuve miedo de que ella no quisiera, pero me devolvió el abrazo con más fuerza aún.

Pasaron unos minutos que me parecieron horas, abrazados, sin que ninguno de los dos dijera nada. Ella dejó de llorar y yo dejé de sentir esa angustia en el pecho que me provocaba el verla así por mi culpa.

- Sigues siendo un gilipollas- me dijo, separándose un poco de mí. Me sorprendí-. ¿No piensas besarme ni aunque llore en tu hombro…?

Ella juntó sus labios con los míos y no pude evitar sonreír. Ahora era ella la que jugaba conmigo. Pero era diferente. A mí me gustaba su juego.

- Tenías que haberme mandado a la mierda cuando tenías razones para ello…- le susurré en el oído. Ella se volvió hacia mí, clavando sus ojos grandes en los míos mientras yo sonreía-… porque ya no pienso darte razones para que pienses en volver a hacerlo.

La acerqué a mí y miré esos ojos que hacían sentir una corriente en la espalda. Ya no veía esa tristeza. Veía algo mucho mejor. Algo que ella también veía ahora en mis ojos. Algo que yo no era capaz de seguir escondiendo. Y que, aunque hubiera sido capaz, no quería esconder. Ella sonreía.

- ¿Crees que decirle a un chico que le quiero es una buena forma de hacer que se quede aquí conmigo?- preguntó.

- ¿Vas a decirme que me quieres?

Ella sonrió como nunca antes.

- ¿Yo? Mírame. Sé ver cuáles son mis posibilidades…

Cap. 5

- Eres un gilipollas.

- Pero me quieres.

Ella me miró a los ojos. Pero no como siempre.

Había sido ella quien había querido que nos viéramos después de todo lo que había pasado. La última vez que la vi, pareció no bastarle que le dijera que la quería, porque se volvió derecha a su casa. Y yo no la paré. Dejé que se marchase, mirando como cruzaba la puerta de su portal y desaparecía de mi vista. No lo entendí, pero algo en mí me dijo que era lo más normal del mundo.

- Joder, ¿quieres dejarte de juegos de una vez?- me dijo, completamente enfadada-. Eres un gilipollas y punto. Por mucho que piense de ti. Es lo que más dejas ver, lo único que dejas ver- añadió, poniendo énfasis en la palabra “único”.

Me quedé sin palabras. Pocas veces me quedaba sin algo que decir, aunque fuera algo que empeorase las cosas. No había nada en mi cabeza que pudiera decir con algún sentido.

- Creo que voy a irme. Y tú deberías hacerlo también. Deberíamos dejar todo esto, no tiene ningún sentido seguir… ¿O sí?- preguntó ella, mirándome directamente con aquellos ojos que eran mi debilidad.

Yo sabía perfectamente por qué había dicho aquello. Sabía que en realidad ella no quería irse, que no quería que me fuera. Sabía que lo que en realidad quería era que le diera una razón para demostrarle que esto sí que tenía sentido para mí. Y la había. No una razón, sino bastantes más. O, al menos, eso era lo que me decía aquella presión en el pecho. Pero no me gustaba que estuviera haciendo esto. Ella estaba jugando a mi juego, al que yo había estado jugando con ella durante todo ese tiempo. Y eso… Me importaba demasiado. Tanto que fue lo que más repercutió en mí. Y seguí jugando.

- Si te vas, no pienses verme más.

Ella abrió los ojos, sorprendida y yo le mantuve la mirada hasta el último momento. Hasta que se levantó y se marchó sin decir una sola palabra más. Yo había jugado mis cartas, intentando que ella reculara. Pero me di cuenta de que ella hacía mucho que no estaba jugando… Demasiado tarde. La presión en el pecho se volvió peor… Y diferente. Ella dobló la esquina y se fue del todo. Y algo en mí me decía que me iba a doler mucho si ella no pensara ya en verme más.

- Joder. Soy gilipollas…

Remember (2)

Para la segunda entrada de Remember, quiero recuperar la serie de relatos de la que más capítulos he escrito y que me gustaría continuar en unos días. Tiene como título “Reason” y si queréis saber algo más sobre ello… ¿Por qué no os pasáis por el primer capítulo?

Reason – Capítulo 1

Reason – Capítulo 2

Reason – Capítulo 3

Reason – Capítulo 4

Reason – Capítulo 5

Reason – Capítulo 6

Reason – Capítulo 7

Reason – Capítulo 8

Espero que os guste! Y que sigáis la continuación…

 

Honey, honey… (8)

All day long escuchando esta canción.

 

Cap. 4

- ¿Qué es lo que quieres ahora?

- Quiero… Quiero que me hables… Y que me mires como antes.

Hacía casi un mes que apenas nos veíamos. Sólo una única vez, ni siquiera diez minutos en los que ella no me miró a los ojos. En los que ella esperaba algo y yo no dije absolutamente nada.

- Puede que no te hayas preguntado qué es lo que quiero yo- dijo ella.

A pesar de que estaba enfadada, su tono de voz era normal, suave y bajo. No hablaba a gritos como hubiera hecho cualquier otra persona. A pesar de todo lo que había pasado, ella no quería gritarme. Pero no me miraba. Y eso me dolía más que nada. Me encantaba ver sus ojos cuando los clavaba en los míos. No creo que ella sintiera lo mismo mirando a los míos, pero para mí era una sensación… Que no podía comparar con ninguna otra cosa. Era un cosquilleo, un escalofrío.

- ¿Y qué es lo que tú quieres?- pregunté.

Ella no se volvió para responderme. Se lo pensó durante unos segundos. Yo la miraba. Tenía miedo de lo que dijera. Tenía miedo de que ella quisiera algo que yo no podía darle, que no quisiera darle…

- Quiero que me enseñes como eres ahí dentro…- dijo. Y me miró. Y en aquel momento, me pilló totalmente indefenso. El escalofrío se convirtió en una descarga eléctrica que hizo que se me pusiera la carne de gallina. Estaba jugando conmigo.

- No.

Fue lo único que pude contestar. Ni siquiera era lo que pensaba, ni lo que sentía. Lo dije, sin más.

- No puedo hacerlo- expliqué-. Soy así. Y no hay más. Pero…

No me dejó terminar de hablar. Se dio la vuelta y comenzó a andar. Por un momento, mis pies se quedaron clavados en el suelo, mientras algo dentro de mí sí que corría detrás de ella. Me lancé.

- Espera… – la llamé, mientras la alcanzaba-. Espera… ¿Recuerdas el día que nos conocimos?

Ella me miró, extrañada, sin saber a qué venía aquello.

- ¿Crees que decirle lo que siento a una chica es un buen método para que se quede aquí?

- ¿Vas a decirme lo que sientes?- me preguntó.

- ¿Me estás viendo? Sé cuáles son mis posibilidades.

Ella hizo un ligero movimiento para irse de nuevo, pero me moví para que volviera a estar frente a mí. Ella miraba hacia otro lado, claramente enfadada.

- ¿De verdad quieres que te diga lo que tengo dentro? Necesito que me mires a los ojos.

No se movió ni un centímetro. Algo en mi orgullo me decía que me fuera, que ahí se acababa el juego, que ella no había querido seguirlo, que volviera a casa. Pero no… Fui yo el que me moví. El que puso su cara frente a la de ella y clavo sus ojos rojos en aquellos ojos grandes y brillantes.

- Mírame… Te quiero. Eso es lo que tengo dentro…

 

Volver.

Siempre volver.

Volver a lo de siempre. A lo que soy. A lo que siempre he sido, a quien he sido siempre.

Volver a disfrutar de lo que tengo, de lo que me llena, de lo que quiero conseguir. Y conseguirlo, sentirme lleno, sentir que tengo lo que me merezco.

Volver a la picardía. A esas miradas, a esas preguntas que dejan sin respuesta y sin habla. A esas noches sin dormir pensando en cosas realmente buenas.

Volver a ver una mirada brillante, una sonrisa de vergüenza. Volver a esconder algunas palabras para decirlas en el momento justo.

Volver a ser un chico con picardía, que no lo dice todo, que esconde algo dentro. Algo que no deja ver a cualquiera.

Aunque siempre he sido así. Siempre he vuelto. Nunca he dejado de ser ese chico, aunque ya no lo vieran en mí. Pero está claro que siempre se vuelve. Y que me encanta ser así. Y sé que al resto puede no gustarles, pero me da bastante igual. Sé que a los que me importan sí.

Por eso siempre vuelvo.

Por mí.

Porque siempre voy a volver a lo que soy de verdad.

Siempre.

Cero Grados.

Cap. 3

- En el fondo eres un blando, aunque vayas de duro y de que no te importa nada por la vida.

- Me has pillado.

Y de verdad me había pillado. Y ella lo sabía. Lo sabía desde hacía un mes al menos. Si no, ¿por qué iba a estar allí, al lado de su cama, sentado en la silla de su escritorio mientras ella estaba mala? Porque me importaba.

- ¿De verdad crees que soy un blando a pesar de todo?- pregunté.

- Eso me parece- respondió, mirándome directamente a los ojos, como si quisiera meterse dentro de mí para descubrirlo. Pero aún no quitaría esa barrera. No lo vería en mis ojos todavía-. No vas a decírmelo nunca, lo sé, pero es lo que creo.

- ¿Y tú? ¿Tú como eres? ¿Cómo es una chica que está con alguien como yo?

- Como ves. No hay nada que esconder- entonces fui yo el que la miró a los ojos, queriendo indagar si había algo más ahí dentro. Pero ella decía la verdad. Aquellos ojos brillantes decían la verdad-. No soy como tú.

Aquella última frase me pilló desprevenido. Normalmente era yo quien lanzaba esas frases traicioneras y ahora no sabía como tomármelo. “No soy como tú”. Claro que no era como yo. Ella había ido de frente siempre, ¿y yo? En realidad ella tenía razón, aunque me jodiera. Y me jodía y mucho. Aquello me hirió el orgullo a pesar de que ella no lo hacía con malicia.

- Pues si así es como eres… Supongo que me acabaría aburriendo de ti- le dije, sin cambiar un ápice mi actitud ni mi mirada.

Pero la suya sí que cambió. Me miró con una mezcla de sorpresa, ira y decepción. Sabía que le había herido el orgullo simplemente para subir el mío propio. Había sido cruel, y empezaba a sentirme culpable. Una culpabilidad que no había sentido de aquella forma nunca.

- Así que te aburriría, ¿no?- contestó, indignada.

- Bueno… No creo que te diera tiempo- a pesar de todo, tenía que intentar arreglarlo. O eso era lo que me decía algo dentro de mí-. No creo que una chica como tú pudiera aguantar mucho tiempo a un gilipollas como yo.

Pero ella no respondió. Simplemente se dio la vuelta en la cama y me dio la espalda. No era la mejor manera que había para arreglar las cosas, pero era la única que se me había ocurrido. Sabía que había llegado el momento de irme de su casa. Cuando me levanté y me fui, ella no se volvió para clavar sus ojos brillantes en mi espalda. Y me jodió más que nada en mi vida. Y no era el orgullo, era algo más. “Quizás sea verdad que soy un blando, al fin y al cabo”, me dije. Y también pensé: “Puede que también sea verdad que una chica como ella no aguante mucho tiempo a un gilipollas como yo”.

Remember.

Como hay relatos de este blog que son de hace tanto tiempo y me gustaría retomar, voy a empezar a ir recordándolos en pequeñas entradas, en las que pondré sus enlaces ordenados, de al menos todos aquellos relatos que creo que merecen la pena. Hoy, como primer relato que rescato, elijo mi preferido. Un relato dividido en 5 capítulos, concluido y cuyo nombre es “Lluvia”. Espero que os guste:

Lluvia 1

Lluvia 2

Lluvia 3

Lluvia 4

Lluvia 5

También puedes leer un anexo a estos relatos:

Conversaciones bajo la llluvia

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.