1 minuto de felicidad al día

•Octubre 10, 2009 • Dejar un comentario

Metido en casa, con una congestión del quince, fiebre y con poco que hacer. Pero feliz. Muy poca gente se podría sentir igual que yo en un momento así, es verdad. Pero siempre lo has conseguido. Hoy mi minuto de felicidad al día está dedicado a TI. Porque a pesar de que todo lo que me pase parezca conducir a estar mal todo el día, a estar cansado de todo, harto de estar así o sin ganas de nada, tú consigues hacerme olvidarlo todo y sonreír. Gracias por un día más a tu lado. Gracias por haberme sacado miles de sonrisas… y por haberme ofrecido la tuya, que es mi razón para estar bien. Gracias por ser hoy el recuerdo que me hace feliz aunque no estés aquí conmigo…

Gracias por ser hoy mi minuto de felicidad al día

ÉL Y ELLA

•Octubre 4, 2009 • Dejar un comentario

Me acaricié las sienes con los ojos cerrados para relajarme. Dejé el bolígrafo sobre el folio, garabateado y tachado mil veces. Siempre era igual. Siempre las mismas ideas en la mente, ninguna productiva. No hay nada más triste que un escritor sin nada que escribir. Sólo queda un folio vacío. Durante días, me di cuenta de que las palabras no llenan de verdad los folios. Primero hay que llenar las palabras de sentido, dar forma a la masa vacía de las letras y llenarlas de la esencia del que escribe. Las palabras vacías son eso, artefactos huecos que ocupan sitio, no lo llenan.

Me levanté de la silla y caminé por casa, con las manos metidas en los bolsillos, hasta pararme enfrente de la ventana. Siempre era de noche. Muchas veces hacer aquello había sido suficiente para ponerme a escribir, pero no ahora. Hacía tanto que no LA veía… Desde entonces no había amanecido. Recordaba haber dormido durante horas, a veces durante días, y siempre que despertaba era de noche. Una noche perpetua, pero no larga. Simplemente perpetua. Y, a pesar de ello, no era capaz de escribir nada. Cada vez que cogía el bolígrafo, me atormentaban unos tremendos dolores de cabeza. El dolor y el cansancio que provocaban era tal, que tenía que tumbarme a oscuras, al abrigo de la luz más tenue, en la completa oscuridad. Sólo podía escribir cuando ÉL venía.

Cuando Él se encontraba aquí, los dolores no aparecían. Podía escribir todo lo quisiera, aunque eran textos llenos de vanas palabras, absurdos y carentes de sentimiento y emoción. ÉL se sentaba en una de las sillas de madera y me dejaba escribir. Era un hombre alto, de mediana edad, porte regio, delgado y con una barba que daba a su rostro una sensación de serena sabiduría. Casi nunca hablaba conmigo. Llegaba, se sentaba y me dejaba escribir a mi antojo. Nunca se había interesado por lo que escribía. Su rostro no tenía la más mínima muestra de sentimiento, pero no era frío. Era un rostro de serenidad y paciencia. Pero sus visitas no duraban mucho. La última vez que vino, sólo pude garabatear un folio. Después se levantaba y se marchaba, sin más. Y, entonces, los dolores de cabeza volvían a aparecer.

Un día me desperté con el sonido de alguien golpeando la puerta débilmente. Hacía mucho que nadie llamaba. Cuando ÉL venía, abría la puerta y se dirigía al salón para sentarse. Áquello sólo podía significar una cosa. Me levanté de la cama, descalzo, y me dirigí a abrir la puerta, mientras sentía los crujidos del parqué bajo mis pies. Los golpes cesaron. Abrí la puerta. Y allí estaba ELLA. No hizo falta que la invitase a pasar, ella entró en la estancia, casi flotando. Sus pies descalzos no despertaban ni el más leve ruido al caminar. Yo cerré la puerta y la seguí.

- Hacía mucho que no venías por aquí- le dije-.

Ella se limitó a caminar por la habitación, rozando la silla con sus delicados dedos. Se volvió hacia mí para mirarme y sonrió sin decir nada. Observé que nada había cambiado en ella. Su piel delicada, de color canela; sus ojos grises y brillantes, sus elegantes y finos gestos… Hacía tanto que no LA veía… que casi había perdido su recuerdo. Se paseó por la habitación durante un par de minutos, dejando que su vaporoso vestido se alzase unos milímetros del suelo en cada giro, asemejándose a las olas del mar. Su aroma embriagador ocupaba el aire y despertaba mis sentidos.

- Siempre me ha encantado este cuadro- dijo ella, con una voz suave como la seda.

- Lo sé. La última vez que escribí algo que mereció la pena fue cuando me comenzaste a hablar sobre ese cuadro.

Recordaba como fue todo aquello. En una de aquellas perpetuas noches llegó ELLA. ÉL llevaba mucho tiempo ya en casa, observando, como de costumbre, sin apenas decir nada. ELLA comenzó a moverse por la habitación, como si bailase sobre sus pies descalzos, mientras me narraba las sensaciones que le transmitía aquel cuadro. Mi mano se disparó a escribir entonces. La fluidez de la tinta y el ritmo de la escritura se comprenetraban en una unión armoniosa con su voz y sus gráciles movimientos. De vez en cuando paraba de escribir para observarla. Ella bailaba y hablaba para mí, y yo sabía cuales eran sus palabras, cual sería su siguiente paso. Aquel día me sentía un artesano que daba vida a cada una de sus creaciones. Sentía como las palabras se llenaban de significado y como las frases cobraban vida, cargadas de emoción y sentimiento. Aquel día, cuando ELLA se marchó, vi el sol emergiendo del lejano horizonte, escondiendo tras de sí la noche infinita.

- ¿Bailarás hoy para mí?- pregunté, situándome cerca de ella.

- Sabes que sólo puedo hacerlo cuando ÉL está aquí.

Lo sabía. ELLA me dedicó una sonrisa agridulce, mientras se paseaba por la estancia. Yo sabía que ÉL no vendría. Hacía ya que se había ido y no habá vuelto a aparecer por allí. Me senté en la silla, pero pronto aparecieron aquellos fuertes dolores de cabeza. Me llevé las manos a la sien y volví a levantarme. ELLA caminaba despacio, dirigiendo sus pasos hacia la puerta. Se marchaba. Su marcha era más dolorosa aún que la de ÉL. ELLA venía tan poco… No sabía cuando volvería a verla…

- ¿Volverás pronto…?

ELLA no respodió. Cruzó el umbral de la puerta, dejando tras de sí su aroma y su recuerdo. Sólo pude pronunciar una breve despedida y pronunciar su nombre.

- Te estaré esperando… INSPIRACIÓN…

Volví al salón. Su recuerdo ocupó la estancia. Me senté en la silla, frente al escritorio y cogí el bolígrafo. Los dolores comenzaron a ceder. Miré hacia atrás y vi lo que había imaginado. ÉL había vuelto y se hayaba sentado, mirándome con un atisbo de sonrisa. Le sonreí y respiré profundamente. Le dediqué un saludo de bienvenida.

- Bienvenido… TIEMPO…

Él inclino la cabeza en un gesto de saludo. El aroma de INSPIRACIÓN se respiraba en el pequeño salón. Comencé a escribir. Esta vez ella no había bailado para mí. No me había narrado nada. Pero sentía como las palabras estaban llenas. Sentía como de la tinta surgían las frases moldeadas, con vida. Las palabras no ocupaban sitio en el folio. Lo llenaban. Y volví a sentirlo. Sabía que volvería a ver el amanecer de nuevo.

No hay nada más feliz que un escritor con inspiración y tiempo dispuesto a escribir.

“La mente es un salón vacío sin la inspiración”

INSPIRACIÓN Y TIEMPO

ÉL Y ELLA

Homenaje a la música – Eminem

•Octubre 2, 2009 • Dejar un comentario

Para mí, una de las canciones de rap que pondría en cualquier momento. Eso no se puede decir de muchas canciones, sean del género que sean.

Look, if you had one shot, one opportunity
To seize everything you ever wanted…One moment
Would you capture it or just let it slip?

His palms are sweaty, knees weak, arms are heavy
There’s vomit on his sweater already, mom’s spaghetti
He’s nervous, but on the surface he looks calm and ready
To drop bombs, but he keeps on forgettin
What he wrote down, the whole crowd goes so loud
He opens his mouth, but the words won’t come out
He’s chokin, how everybody’s jokin now
The clock’s run out, time’s up over, bloah!
Snap back to reality, Oh there goes gravity
Oh, there goes Rabbit, he choked
He’s so mad, but he won’t give up that
Is he? No
He won’t have it , he knows his whole back city’s ropes
It don’t matter, he’s dope
He knows that, but he’s broke
He’s so stacked that he knows
When he goes back to his mobile home, that’s when it’s
Back to the lab again yo
This whole rap shit
He better go capture this moment and hope it don’t pass him

(Chorus)

You better lose yourself in the music, the moment
You own it, you better never let it go
You only get one shot, do not miss your chance to blow
This opportunity comes once in a lifetime yo

The soul’s escaping, through this hole that it’s gaping
This world is mine for the taking
Make me king, as we move toward a new world order
A normal life is borin, but superstardom’s close to post mortar
It only grows harder, only grows hotter
He blows us all over these hoes is all on him
Coast to coast shows, he’s know as the globetrotter
Lonely roads, God only knows
He’s grown farther from home, he’s no father
He goes home and barely knows his own daughter
But hold your nose cuz here goes the cold water His bosses don’twant him no mo, he’s cold product They moved on to the nextschmoe who flows
He nose dove and sold nada
So the soap opera is told and unfolds
I suppose it’s old potna, but the beat goes on
Da da dum da dum da da dum

(Chorus)

You better lose yourself in the music, the moment
You own it, you better never let it go
You only get one shot, do not miss your chance to blow
This opportunity comes once in a lifetime yo

No more games, I’m a change what you call rage
Tear this mothafuckin roof off like 2 dogs caged
I was playin in the beginnin, the mood all changed:

I been chewed up and spit out and booed off stage
But I kept rhymin and stepwritin the next cypher
Best believe somebody’s payin the pied piper
All the pain inside amplified by the fact
That I can’t get by with my 9 to 5
And I can’t provide the right type of life for my family
Cuz man, these goddam food stamps don’t buy diapers
And it’s no movie, there’s no Mekhi Phifer, this is my life
And these times are so hard and it’s getting even harder
Tryin to feed and water my seed, plus
See dishonor caught up bein a father and a pre madonna
Baby mama drama’s screamin on and
Too much for me to wanna
Stay in one spot, another jam or not
He’s gotten me to the point, I’m like a snail
I’ve got to formulate a plot fore I end up in jail or shot
Success is my only mothafuckin option, failure’s not
Mom, I love you, but this trail has got to go
I cannot grow old in Salem’s lot
So here I go is my shot.
Feet fail me not cuz maybe the only opportunity that I got

(Chorus)

You better lose yourself in the music, the moment
You own it, you better never let it go
You only get one shot, do not miss your chance to blow
This opportunity comes once in a lifetime yo

You can do anything you set your mind to, man

Lluvia – 5

•Octubre 1, 2009 • Dejar un comentario

Jake observaba a Claire mientras mecía al pequeño bebé entre sus brazos. Sabía que se encontraba muy cansada, a pesar de sus a penas treinta años, pero sus ojos estaban tan llenos de amor y devoción que le permitió mantener a su pequeña entre los brazos. Tras un rato, Jake la relevó en el puesto y acostó al bebé. Zoe era el vivo retrato de su madre. Cada vez que miraba los ojitos de su hija, veía a Claire.
- ¿Escribes un diario?- preguntó Claire, mientras abría el cuaderno de tapa de cuero marrón que Jake había dejado en la mesa.
- Desde hace muchos años, pero es una sorpresa- respondió, sentándose a su lado, sonriéndola mientras la rodeaba con un brazo.
Los dos se miraron con una tenue sonrisa de confianza en sus rostros. Los años habían pasado, era verdad, pero aquello que les mantenía unidos seguía allí. Habían conseguido lo que habían deseado. Todo había merecido la pena.

- Es precioso. Es la mejor sorpresa que me has dado jamás.
Al pie de la cama del hospital, Jake leía las últimas líneas de su diario. Claire se encontraba tumbada en la cama, escuchando con atención cada palabra, con los ojos cerrados, reviviendo cada momento que se fundía en las hojas escritas por Jake. Su aspecto era cansado, pero con aquel brillo en los ojos que a él le recordaba el primer día que la vio, hacía ya más de treinta años.
- Me encanta como hablas del amor… de las sonrisas… de mis ojos…
Jake sonrió y la apretó la mano. Las arrugas y el cansancio envejecían el rostro de ella, pero seguía siendo para él el más hermoso que existía.
- Sólo hablo de aquello que nunca cambiará.
Una lágrima recorrió la mejilla de Claire a la vez que se dibujaba una sonrisa.
- ¿También escribirás esto?
- Por supuesto. Escribo todos los momentos importantes a tu lado.
- Siempre te amaré, mi chico de ojos tristes…
- Siempre te amaré, mi chica de la lluvia…

- Señor, no puede salir ahora del hospital.
- No se preocupe. Mi hija me acompañará un momento fuera.
- Pero, está lloviendo a mares…
Jake salió de la habitación apoyado en su bastón. Su hija Zoe le cogía del brazo izquierdo mientras caminaban por los pasillos en los que un día él había trabajado. Habían pasado ya diecinueve años desde que Claire se había ido. Todo había cambiado y a su vez era igual. Jake siempre la había tenido presente. Había llorado durante días su pérdida, pero la había acompañado siempre. Pero nunca se había sentido débil. Ahora era él el que se encontraba en el hospital, a sus sesentaiseis años. Sabía que no le quedaba mucho tiempo. Pero no tenía miedo, no ahora.
- ¿Dónde quieres ir papá?- dijo una ya crecida Zoe, que contaba con treinta y cuatro años y dos hijos.
Jake no contestó. Se limitó a sonreirla y guiñarle un ojo mientras avanzaban hacia la salida. Zoe había sido su apoyo durante esos quince años. Era un soplo de aire fresco, era su lluvia. Cualquiera hubiera sentido dolor al ver aquellos ojos que tanto recordaban a Claire, pero él no. Él recordaba y sonreía.
Zoe abrió el paraguas. Odiaba la lluvia, como su padre. El suelo estaba encharcado y Jake se empapó el pantalón enseguida, pero no lo tuvo en cuenta. Los don juntos se sentaron en un banco cercano a la estación de autobús.
- Sé que no es mucho lo que puedo darte- dijo Jake a su hija, con una voz ronca pero segura-. Pero quiero que tengas esto.
Del bolsillo interior de su chaqueta sacó un pequeño diario con la tapa de cuero marrón y se lo entregó a su hija.
- Pero esto es…
Jake la cogió de la mano y la miró a los ojos con el cariño de un padre.
- Esto es para ti.
Jake abrió el diario por la última página. En aquella página rezaba una frase escrita por su padre que decía:
“Nuestra historia es el mejor libro que podría escribir”
Y bajo ella, con una letra fina y elegante, había una dedicatoria:
“Gracias por hacerme sentir tan viva. Os amo, Jake y mi pequeña Zoe. Gracias por esta vida tan perfecta. Siempre estaré con vosotros. Claire”.
Las lágrimas brotaron de los ojos de Zoe. Jake envolvió con sus manos la de ella y ella se abrazó a su padre. Pasaron un largo rato así, hasta que Claire se apartó, enjugándose las lárgrimas.
- ¿Nos vamos, papá?
- Ve tú. Ahora te alcanzo.
Claire asintió y le ofreció el paraguas, pero Jake rehusó. Ella lo besó en la mejilla, le sonrió y se marchó hacia el hospital.
Allí había empezado todo. Como ahora. La lluvia caía sobre el pelo cano de Jake. “¿Te gusta la lluvia?”, se dijo. “Odio la lluvia… pero bajo ella te siento aquí… te siento tan… viva… mi chica de la lluvia…”
Jake se quedó mirando al cielo, sentado, dejando que la lluvia cayera sobre él, empapándolo, haciéndole sentir… con ella. Con Claire… Con la chica de la lluvia…

1 minuto de felicidad al día

•Octubre 1, 2009 • Dejar un comentario

1 minuto. Lo que tardes en leer esta entrada. Sólo un minuto. Hoy nada de bla-bla-bla.

Música de Duke Ellington. Respirando profundamente. Deja que el aire llene tus pulmones y recuerda un momento feliz. Suelta el aire. Hasta los días grises y nublados como hoy tienen un minuto de felicidad. Hasta el sol lanza sus rayos a través de las nubes y ofrece un haz de esperanza brillante que hace olvidar el bochorno. ¿Cuánto hace que no recuerdas los mejores momentos que has pasado? La memoria es el mejor baúl para la felicidad. Disfruta de la felicidad, por poca que sea. Hasta el detalle más insignificante puede sacarte una sonrisa, ¿verdad? Así que deja de leer esto. Cierra los ojos. Escucha la música. Respira. Sonríe.

Al fin y al cabo todo el mundo merece al menos 1 minuto de felicidad al día.

Homenaje a la música – Duke Ellington & John Coltrane

•Octubre 1, 2009 • Dejar un comentario

Reason – 2

•Septiembre 30, 2009 • Dejar un comentario

El golpe contra el suelo había sido muy fuerte, pero no tanto como podía haberlo sido si no le hubieran apartado a tiempo. Christian estaba tendido en el suelo. El brazo le quemaba. La gente había rodeado la zona y hablaban sin parar, provocándole dolor de cabeza, ¿o se había dado un golpe y por eso le dolía? El ruido ensordecedor de las sirenas llenaba el aire por encima de los murmullos y las conversaciones. Christian se incorporó en el suelo.

- Joder, la cabeza- dijo, tocándose el cráneo. Notó un líquido espeso en el pelo, en la parte de atrás-. Mierda.
Se limpió la sangre en el pantalón y se restregó los ojos con las manos. A causa del golpe su visión se había reducido a figuras borrosas y mal enfocadas. Volvió a pasarse las manos por los ojos, pero no consiguió nada.

- Chico, ¿me oyes?

Ni siquiera se había dado cuenta que un hombre con un chaleco reflectante se había abierto paso entre la gente para llegar hasta él.

- Chico, ¿puedes seguir mi dedo con los ojos?

Christian siguió la mancha borrosa que se asemejaba a un dedo que se movía delante de sus ojos. Dudó si decirle que no podía ver bien, pero lo único que quería era largarse de allí cuanto antes. Tras comprobar sus reflejos, aquel hombre le condujo hacia una ambulancia, atravensando un mar de personas que seguían los acontecimientos allá donde fueran. ” Parecéis cuervos”, pensó, “venís a buscar la carnaza para después contar en casa que lo habéis visto todo en primera fila”. Un escozor en el antebrazo le apartó de sus pensamientos. Retiró el brazo instintivamente y se lo tocó. También estaba sangrando.

- Debes estar quieto- por la voz, supo que era una mujer quien le curaba la herida del brazo.

Mientras le vendaban el brazo, Christian cerró los ojos para no marearse poeque su visión no había mejorado en absoluto. La misma mujer qe le había vendado el antebrazo le dio una pastilla que se tomó sin rechistar y le curó la brecha que se había hecho al caer al suelo. El chico no debía tener muy mala cara, porque la mujer lo dejó solo para ir a atender a otro herido leve. Christian se tocaba la cabeza, buscando la herida y encontró un pequeño bulto blando que se adhería a la brecha.

- No te lo toques. Mañana podrás quitártelo- le dijo la mujer al volver-. Ya no saldrá más sangre, es una herida pequeña, no te preocupes.

Pasó más de media hora realizándole un chequeo exhaustivo, preguntándole si tenía dolores, naúseas o mareos, si sentía los dedos de las manos y de los pies y millones de cosas más. A pesar de que sentía un poco de vértigo, no dijo nada. Sólo quería salir del centro de la noticia del día en aquel lugar. No le gustaba nada sentir las miradas fijas en él y escuchar de lejos los chismorreos de la gente. La mujer que lo trataba le dijo que si se sentía mal en cualquier momento, que fuera directo a urgencias.

- Si lo necesitas, podemos llevarte a casa- dijo la mujer.

Christian dio unos pasos y se metió las manos en los bolsillos, buscando el paquete de tabaco, pero no lo encontró.

- Necesito un cigarro.

- Sí eso es lo único que necesitas, estás en condiciones para irte a casa- rió la mujer.

Christian cogió su mochila, que alguien había recogido y había dejado a su lado en la ambulancia, y se marchó. Los cascos aún colgaban de su cuello y seguían encendidos. Sin colocárselos, podía oír empezar Stairway to Heaven. Volvió a casa caminando lentamente, de memoria, pues su visión seguía siendo defectuosa. Como de costumbre, en su casa no había nadie. Cerró la puerta y los ojos y fue a tientas hacia su habitación. Tiró la mochila a una esquina y se tumbó en la cama. “No se que coño está pasando hoy…”, se dijo, mientras perdía difusamente la consciencia y caía en un sueño restaurador.

Cuando despertó, ya eran más de las cuatro de la tarde. El silencio reinaba en el apartamento. La casa aún estaba vacía. Para su sorpresa, su visión se había reestablecido casi por completo y podía ver perfectamente. Escuchó el sonido de las gotas de agua que se estrellaban contra la ventana de la habitación. Se levantó y echó un vistazo fuera. Un hombre caminaba deprisa bajo la lluvia, sin paraguas. Sobre su cabeza, como si de unas pequeñas luces de neón se tratase, lucía un número, que cambiaba por segundos.

1.297.900.756… 1.297.900.755… 1.297.900.754…

Christian se frotó los ojos con las manos y volvió a mirar.

- ¿Pero qué…?

“…And the voices of those who stand looking…”

Frases para ella

•Septiembre 29, 2009 • Dejar un comentario

“Las mejores frases nunca se encargan, espero a que salgan
espero a que suene la alarma del alma
sé que a veces tarda, sé que viene y se larga
y cuando vuelve envuelta en llamas ya no puedo pararla y esa eres tú…”

Rafael Lechowsky – Soy loco por ti

Lluvia – 4

•Septiembre 29, 2009 • Dejar un comentario

No llovía. Parecía un preludio nefasto de un día vacío. Aquella era la primera vez que Claire había faltado a su cita.
Habían pasado dos años ya desde que se conocieron. Jake miraba desde la ventana de su habitación hacia la calle, iluminada ahora por las farolas. Era casi la una de la mañana. Claire había pasado todo el día en el hospital. No era nada grave, simplemente le había subido la fiebre y habían preferido ingresarla antes de lo normal. Un par de minutos antes ella le había llamado a escondidas.
- No te preocupes, chico de los ojos tristes, estoy bien.
Su voz sonaba tan clara y sincera… Que le costaba no creerlo. No habían podido hablar mucho tiempo, y a Jake le había costado más que nunca articular palabra. En cierto modo sabía que su actitud no ayudaba a nada, pero se sentía tan… apagado sin ella… Necesitaba su lluvia…
La semana siguiente pasó lenta y fue dura. Los impulsos de abandonar el puesto de trabajo para ir a verla se sucedían cada vez más rápido, pero a duras penas pudo mantener a raya sus instintos. Poder verla el viernes fue la recompensa de una semana de sufrimiento.
- Pediré el traslado a oncología.
- No tienes porque hacer eso, Jake.
- No quiero dejarte sola cuando pase algo.
Ella lo miró, y bajo la vista hacia sus manos entrelazadas con una mezcla de comprensión y desilusión. Era la primera vez que la veía triste.
- No quiero que sufras por mí- dijo ella, en un susurro apenas audible.
Jake se acercó a ella y levantó su cabeza para que le mirase a los ojos. Sus dulces ojos azules estaban bañados en lágrimas.
- No quiero pensar que puedo perderte cada vez que te vas…
Cuando se acabaron las palabras, Claire lo abrazó con fuerza y ternura. Jake notó la humedad de sus lágrimas en el pecho. La abrazó con fuerza y la besó el pelo.
- Te amo.
Su voz era casi un susurro, pero lo dijo con la firmeza que la sinceridad imprimía a sus palabras. Jake devolvió aquellas dos palabras en su oído y la abrazó con fuerza.

Reason – Capítulo 1

•Septiembre 28, 2009 • Dejar un comentario

- ¡Fuera de mi clase, Stevens!

Christian Stevens cogió su mochila y se largó de la clase dando un portazo. “Maldito soplapollas de Claxton”, se dijo, mientras sacaba un cigarrillo del bolsillo y se encaminaba a la salida del edificio.

- Claxton te ha vuelto a echar, ¿verdad Christian?

- No tengo el día para que me toquen las narices, así que ni lo intente.

El que había hablado era Edward Daniels. Era profesor de filosofía en el instituto, pero era el único profesor al que se atrevería a hablar así. Daniels era un profesor joven y ofrecía a los alumnos lo que querían: cercanía y confianza. Siempre había intentado llevar a Christian por el buen camino. De hecho, llevaba más de dos años detrás de él, intentando reconducirle.

- Puedes quedarte en mi despacho si quieres hablar- ofreció el profesor Daniels-. No me importa que despotriques contra Claxton, no le tengo demasiado aprecio.

- Claro, me encantaría quedarme pero, ¿sabe? es que tengo un asunto muy urgente que atender- respondió, intentando sonar lo más sarcástico posible.

Salió del edificio dejando atrás al profesor Daniels. Estaba más que harto del instituto. Sobre todo de Claxton. Las últimas semanas se había dedicado a dejarle en ridículo delante de toda la clase. Que hubiera repetido el último curso no le daba ningún derecho a cachondearse de nadie. Aquel día le había dicho a la cara que su asignatura le importaba una mierda después de que Claxton comentase hacia la clase que “el señor Stevens jamás podría aprobar historia si su cerebro se había quedado anclado en el pleistoceno”.

- Maldito Claxton- dijo, en voz alta, mientras se encendía el cigarrillo-. Ya puede meterse su jodida clase de historia por donde le quepa.

Se colocó los cascos y continuo andando hacia casa. En el reproductor de MP3 sonaba In the end, de Linkin Park. Saboreó la primera calada del cigarro y soltó en aire en una larga espiración. “Un par de cursos más”, pensaba, mientra caminaba por la acera; “Y después… ya veremos. Sólo un par de cursos y me largo de aquí”. Las calles de Londres se encontraban abarrotadas a esa hora de la tarde, llenas de madres que llevaban a sus hijos a casa después del colegio y de trabajadores de traje y corbata que hacían un descanso de su oficina y se dirigían a algún buffet libre a comer. Christian subió el volumen y cerró los ojos durante un momento para olvidarse del gentío mientras soltaba una bocanada de humo gris blanquecino. Entonces, por encima de la música, pudo escuchar un ruido ensordecedor. Cuando abrió los ojos vio que la gente se había apartado y que un coche se dirigía a gran velocidad hacia él. Entonces, todo se detuvo.

Sentía la garganta seca. Se había quedado sin voz, sin poder parpadear, con los ojos fijos en el vehículo. No escuchaba la música de sus cascos. Quería moverse, pero su cuerpo no le obedecía. Entonces, una figura se acercó a él y puso una mano sobre su hombro.

- ¿Quieres vivir?

- …Sí…

Un empujón lo apartó de la trayectoria. El coche se estrelló contra una farola entre los gritos de la gente que ahora se acercaba para observar la escena. Christian sólo podía escuchar la música de sus cascos mientras una decena de personas se arremolinaban en torno a él.

In the end, it doesn’t even matters…